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La sarna es una infestación cutánea contagiosa causada por un ácaro parásito: el arador de la sarna. Aunque se asoció tradicionalmente a condiciones de poca higiene y hacinamiento, sin embargo no es un trastorno raro y su incidencia puede estar aumentando. La sarna afecta sobre todo a niños y adultos jóvenes, pero puede producirse en cualquier edad. Se adquiere por contacto estrecho con un individuo afectado y a veces es una enfermedad de transmisión sexual. El ácaro puede afectar también a algunos animales domésticos pudiendo ser grave y poner en peligro su vida.

La infestación se inicia cuando los ácaros hembra alcanzan la piel y excavan en el estrato córneo, poniendo huevos de los que más tarde nacerán larvas. Este periodo de latencia permite a los ácaros desarrollarse y efectuar la puesta de huevos sin estorbos. Después de unas semanas, el sistema inmunitario del huésped responde desarrollándose hipersensibilidad e intenso prurito. Se asientan normalmente en los dedos de las manos, espacios interdigitales, alrededor de las muñecas, codos y tobillos. Las palmas y las plantas de los pies se afectan menos frecuentemente en adultos y la cara y la cabeza sólo en niños pequeños.

El prurito producido por la sarna llega a ser extraordinariamente intenso, y empeora por la noche con el calor de la cama, interfiriendo el sueño y provocando un rascado enérgico capaz de causar eczema y favorecer la sobreinfección. A veces este eczema secundario es engañoso y siendo identificado erróneamente como el problema principal, y en consecuencia mal tratado. Esto modifica la apariencia clínica hasta el punto de hacer la sarna irreconocible, alterando la respuesta inmunitaria con disminución del picor y mejoría de los síntomas que permiten que los ácaros continúen su desarrollo sin molestia. La población de parásitos se incrementa y la proliferación de túneles da a la piel un aspecto escamoso.

El diagnóstico médico de sarna se confirma por visualización del ácaro y sus huevos, y es tratada con antiparasitarios tópicos. Hay que investigar los contactos del paciente para tratarlos apropiadamente si procede, así como si el origen es un animal doméstico. La ropa interior y de cama debe lavarse de manera habitual. Si hay sobreinfección de las lesiones puede ser necesario tratamiento antibiótico. Y, por último, hay que tener en cuenta que a veces, a pesar de haber erradicado el parásito, el prurito puede persistir durante días o semanas. Si eso sucede pueden utilizarse preparados antihistamínicos orales o corticosteroides tópicos.

No lo olvide: Pregunte siempre a su farmacéutico. Él le informará sobre éstas y otras cuestiones relacionadas. Y recuerde que la intervención farmacéutica supone una elevada garantía en el proceso global de adecuación, efectividad y seguridad de los tratamientos con medicamentos.

 

(Última modificación:27/02/2017 12:59)

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