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El asma es una enfermedad crónica, que afecta al aparato respiratorio, en la que se produce una inflamación de los bronquios, debido a la irritación que producen ciertos estímulos como el polen, la contaminación, el humo, el ejercicio o algunas medicinas. Esta inflamación hace que los conductos sean más sensibles y respondan con una contracción provocando un mayor estrechamiento y, por tanto, un bloqueo del paso del aire que dificulta la respiración.  

Esta sensación puede ser más o menos importante dependiendo de la sensibilidad del individuo o de la intensidad del estímulo y hace que la persona con asma tenga ahogo, tos, presión en el pecho y haga ciertos ruidos o pitos al respirar. No obstante, los síntomas del asma varían de una persona a otra; son leves en unas y graves en otras. Incluso dentro de la misma familia, dos personas con asma pueden sufrir síntomas diferentes o padecer un síntoma más frecuencia que otro. 
 
Es importante que el asma esté bien controlada para intentar eliminar o reducir el número y la intensidad de las crisis y seguir una vida lo más normal posible. En muchas ocasiones, por ejemplo, puede aparecer una tos persistente que el paciente pueda confundir con un resfriado mal curado, pero que puede ser producida por la presencia de asma. Por esto, es importante acudir al especialista para establecer el diagnóstico correcto, y evitar el empeoramiento de la enfermedad no tratada. 

Es posible que una persona con asma no sufra los síntomas todos los días, pero es una enfermedad que no puede ignorarse. El asma necesita un seguimiento diario y un aspecto vital del tratamiento es la prevención, evitando las causas que provocan esta reacción. Así, debemos reducir al máximo la exposición a los ácaros del polvo de la casa, las plumas o el contacto con los animales. El uso de medicamentos puede ser muy importante para hacer frente a la naturaleza crónica y episódica de esta enfermedad. Se utilizan dos tipos de medicamentos; unos para el control o prevención de la enfermedad, que se toman a diario, y otros para mitigar los síntomas en los casos de crisis agudas. 
Se trata, por tanto, de una enfermedad que debe seguir un adecuado control médico y en la que el paciente debe conocer siempre los tipos de medicamentos que va a utilizar, tanto de forma regular como en la posible aparición de crisis. También es importante conocer y evitar los posibles factores desencadenantes, entre ellos las alergias a determinados alergenos que parecen ser las causantes de más de 80% de los casos de asma. 

No lo olvide: Pregunte siempre a su farmacéutico. Él le informará sobre éstas y otras cuestiones relacionadas. Y recuerde que la intervención farmacéutica supone una elevada garantía en el proceso global de adecuación, efectividad y seguridad de los tratamientos con medicamentos.
 

(Última modificación:27/02/2017 13:00)

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