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Salud Pública

LA DEPRESIÓN

La depresión forma parte de un grupo de enfermedades caracterizadas por una desproporción del estado de ánimo con relación a la situación real de la persona. Cuando esta desproporción se manifiesta en forma de tristeza se conoce como depresión. A menudo va acompañada de ansiedad, y pueden aparecer otros síntomas como inhibición o desinterés para las tareas habituales. En la depresión es frecuente una disminución de la capacidad de comunicación y del contacto social, alteraciones del apetito y del sueño, sentimientos de culpa y de incapacidad. Otros síntomas que suelen aparecer son dolor de cabeza y mareos. 

En las últimas décadas se ha producido un aumento de los episodios depresivos, aunque sólo la mitad de los enfermos recibe tratamiento por este motivo. En cualquier caso, los trastornos depresivos son uno de los motivos de consulta psiquiátrica más frecuentes en Atención Primaria. Posiblemente a este incremento han contribuido una combinación de causas de índole demográfica, social y biológica. En la depresión existe una predisposición sobre la que inciden un conjunto de factores externos que desencadenan el trastorno. La depresión afecta más a la mujer y sobre todo entre los 18 y 45 años, con una incidencia máxima en mujeres entre 35 y 45 años.

Los fármacos antidepresivos actualmente disponibles permiten, en la mayoría de los casos, recuperar el estado de ánimo del paciente deprimido. No producen efectos estimulantes y a menudo provocan aturdimiento y somnolencia, en especial al comienzo del tratamiento. La mejoría aparece de forma paulatina. Pero, entre el inicio del tratamiento y el comienzo de la mejoría suele transcurrir un periodo de tiempo, que oscila entre una y tres semanas. 

En la depresión es fundamental el cumplimiento adecuado del tratamiento, manteniendo la dosis prescrita, sin saltarse ninguna toma ni suspenderlo, incluso aunque el estado del paciente haya mejorado notablemente. Una vez superado el episodio más agudo, el tratamiento se suele mantener entre 6 y 12 meses y en ocasiones durante períodos más prolongados. La suspensión del tratamiento deberá realizarse de forma progresiva siempre por indicación del médico.  

Afortunadamente, la diversidad de medicamentos antidepresivos existente permite la selección del medicamento más adecuado para cada paciente, atendiendo a sus características personales y al tipo de depresión que padece. 

Es normal que el paciente pueda experimentar algunos efectos adversos durante el tratamiento, generalmente de carácter leve y  transitorio. Sin embargo, si tiene alguna manifestación anómala, deberá informar rápidamente a su médico o farmacéutico. De igual manera, es muy importante informar al médico y al farmacéutico sobre otras enfermedades y tratamientos que reciba el paciente. Evite conducir al principio del tratamiento, hasta saber cómo le afecta a sus reflejos y no consuma alcohol, ya que puede provocar o agravar los efectos adversos. 

No lo olvide: Consulte siempre a su médico y a su farmacéutico. Su intervención es una garantía en el proceso de adecuación, efectividad y seguridad de los tratamientos con medicamentos en la depresión.

(Última modificación:24/02/2017 15:01)

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