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Durante la digestión, los hidratos de carbono que ingerimos se transforman básicamente en glucosa. Por este motivo, tras la comida, los niveles de glucosa en sangre aumentan, y esto estimula la producción de una hormona por el páncreas: la insulina. Esta hormona permite el transporte de la glucosa desde la sangre al interior de las células, para que éstas obtengan la energía necesaria para funcionar normalmente, o bien la almacenen hasta que sea necesaria. Por eso, la insulina reduce  progresivamente el nivel de glucosa en sangre. También el ejercicio hace que disminuyan los valores de azúcar en sangre, ya que los músculos la utilizan para producir energía.  


En algunas personas, las células no son capaces de captar la glucosa de la sangre, por lo que sus niveles son anormalmente altos. Cuando se supera un determinado nivel decimos que esa persona tiene “hiperglucemia”. Cuando la hiperglucemia se mantiene de forma permanente, entramos en lo que se conoce como “diabetes”. El sujeto mantiene los niveles altos de glucosa, ya sea porque el páncreas no produce suficiente insulina, o bien porque las células no son capaces de incorporar la glucosa a pesar de la existencia de insulina. Este último se conoce como resistencia a la insulina. En un diabético puede predominar una u otra situación o combinarse las dos en distinta proporción.


Pueden ser varios los motivos que dan lugar a estas situaciones como las alteraciones del sistema inmune que destruyen el páncreas. También hay alteraciones genéticas que alteran el transporte normal de la glucosa, o dan lugar a una insulina anormal. Asimismo, la diabetes es producida por fármacos y enfermedades, o incluso ser potenciada por situaciones fisiológicas como el embarazo, la edad avanzada, o la obesidad entre otros, que influyen en la producción de insulina. 
Esto da lugar a una clasificación compleja de tipos de diabetes. Su médico establecerá un tratamiento dependiendo de cuál sea la causa de que su glucosa esté elevada. El tratamiento de la diabetes se basa en todos los casos en el control de la dieta, realizar un ejercicio moderado y, en caso necesario, la aplicación de un tratamiento farmacológico que según el tipo, será o bien insulina o bien fármacos antidiabéticos.


Si el aumento de glucosa en la sangre es importante provoca unos síntomas característicos: aumento la producción de orina, y sensación anormal de sed y hambre. Si los niveles están próximos a la normalidad, los pacientes pueden permanecer asintomáticos mucho tiempo y no llegar a ser diagnosticados.  La diabetes puede dar lugar a complicaciones agudas, como visión borrosa, somnolencia, y náuseas, hasta llegar a un coma diabético. Si no es adecuadamente controlada, las complicaciones de la diabetes a largo plazo pueden ser muy serias y afectan principalmente a los ojos, riñones y sistema nervioso.


El efecto contrario, la hipoglucemia, que implica un nivel de glucosa en sangre muy baja, se produce en los diabéticos si se administra una dosis más alta de medicamentos antidiabéticos orales o insulina, si el diabético come poco, no lo hace cuando debe, o practica ejercicios intensos sin alimentarse previamente. Produce una sensación de hambre repentina e intensa, dolor de cabeza, ansiedad, temblor, sudor frío, confusión, pérdida de la consciencia y coma hipoglucémico.   


No lo olvide: Pregunte siempre a su farmacéutico. Él le informará sobre éstas y otras cuestiones relacionadas. Y recuerde que la intervención farmacéutica supone una elevada garantía en el proceso global de adecuación, efectividad y seguridad de los tratamientos con medicamentos.

(Última modificación:24/02/2017 15:59)

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