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El flúor es un elemento químico abundante en la naturaleza y en la dieta humana; se puede encontrar tanto en el reino animal presente en las sardinas, el salmón o el hígado de vaca; como en el vegetal, en el té, el tomate y la patata, y en el mineral en el agua. El organismo humano dispone de mecanismos de regulación metabólica del flúor que controlan su absorción, utilización y excreción. Casi la totalidad del flúor que queda retenido en el organismo lo hace en los huesos y en los dientes. El flúor que no se fija en los huesos, dientes o tejidos blandos es eliminado principalmente por la orina, y en pequeñas cantidades en las heces y el sudor.
 
En cantidades adecuadas, el flúor produce efectos beneficiosos en los dientes antes de su salida y después de la misma. La acción sobre el esmalte antes de que aparezca el diente se debe al flúor procedente de los alimentos y de los compuestos a base de flúor que se ingieren mientras se produce la calcificación de los dientes. Todo ello hace posible su incorporación al esmalte dental a través de la circulación sanguínea. Tras la erupción dental la dieta continúa suministrando flúor, pero además se consigue con la aplicación de formas tópicas del mismo sobre la superficie del diente con geles, colutorios y dentífricos. El principal efecto preventivo del flúor sobre el diente está relacionado con su capacidad de endurecer el esmalte dental.
 
La acción del flúor sobre el equilibrio de mineralización es doble. Por un lado acelera la remineralización, y por otra parte inhibe el proceso de desmineralización ya que confiere una mayor resistencia a los dientes frente a los mecanismos de las caries. El flúor a concentraciones altas presenta también acción antibacteriana, actuando sobre la flora microbiana de la placa dental. La utilización del flúor como medida preventiva de la caries puede realizarse por vía sistémica, mediante suplementos en gotas, comprimidos o agua; o por vía tópica, con dentífricos y colutorios.
 
El consumo de flúor por vía sistémica en niños en edad de desarrollo dental es la forma de prevención más efectiva. En este sentido, como la profilaxis con suplementos de fluoruros es más efectiva en la dentadura que aún no ha brotado, se recomienda que los niños reciban este aporte hasta los 16 años. La fluoración de aguas de consumo es también un buen método para la prevención de la caries, ya que constituye una auténtica medida de salud pública. Por último, los dentífricos con flúor son muy útiles para la prevención ya que con su utilización se consiguen tres objetivos: eliminar la placa bacteriana, administrar flúor y crear el hábito de higiene bucodental.
 
No lo olvide: Pregunte siempre a su farmacéutico. Él le informará sobre éstas y otras cuestiones relacionadas. Y recuerde que la intervención farmacéutica supone una elevada garantía en el proceso global de adecuación, efectividad y seguridad de los tratamientos con medicamentos.

(Última modificación:24/02/2017 16:00)

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